Cómo cultivar calas a partir de semillas?
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Cómo cultivar calas a partir de semillas?

Cultivo de la cala de colores   Revista ..

Las calas son plantas sumamente bellas y actúan como un indicador natural del ambiente en el hogar. Antes de que empiece a llover, se pueden observar gotas de humedad en sus amplias brácteas. La flor también es magnífica, con grandes hojas alargadas y una inflorescencia que se asemeja a una mazorca, en un formato bastante singular.

A pesar de que esta planta no es particularmente exigente, es fundamental comprender cómo cuidarla adecuadamente; de este modo, el arbusto ofrecerá una floración abundante y prolongada. No obstante, el primer paso es cultivar las flores. En este artículo se explorará el procedimiento para hacerlo a partir de semillas.

Preparación de las semillas

Las semillas de cala tienen una capacidad de germinación bastante baja, por esa razón, muchos jardineros prefieren multiplicar las plantas utilizando bulbos. Sin embargo, con la correcta preparación de las semillas, puedes intentar cultivarlas con éxito.

Otra de las características a considerar es que las propiedades de germinación de estas semillas se pierden rápidamente. Para asegurar el crecimiento, es conveniente utilizar semillas frescas, así que presta atención a la fecha de recolección y a su caducidad al adquirirlas.

Puedes cultivar calas a partir de semillas que tú mismo recojas. Tras la floración, corta las cápsulas de semillas y déjalas madurar en la planta misma. Una vez que estén listas, se deben secar, extraer las semillas y utilizarlas de inmediato. Es importante mencionar que recolectar semillas desgasta el sistema radicular, por lo que no se recomienda extraer semillas de la misma planta anualmente.

Antes de proceder a la siembra, es esencial desinfectar las semillas sumergiéndolas durante 15 minutos en una solución débil de manganeso. Para esto, es recomendable utilizar una bolsa de gasa para introducirlas en la solución y luego asegurarse de lavarlas con agua fría.

Este método eliminará los esporas de hongos y otras posibles enfermedades que puedan estar presentes en las semillas, evitando así problemas de salud en las plantas una vez que las plántulas comiencen a brotar.

A continuación, es conveniente tratar las semillas con un estimulante de crecimiento. Puedes utilizar soluciones específicas y sumergir las semillas en ellas el tiempo indicado en las instrucciones. Otra opción es germinar las semillas en humato potásico, que también actúa como un estimulante. Para esto, prepara una solución (de acuerdo con las instrucciones), empapa una gasa en ella y coloca las semillas sobre esta, cubriéndolas con otra capa de gasa. Mantén el recipiente con las semillas en un lugar cálido (+20 °C) durante una semana. Es crucial verificar la gasa y humedecerla si es necesario; las semillas deben estar siempre húmedas, sin embargo, no es conveniente que floten en la solución, ya que esto causaría su pudrición.

Además, recuerda que la calidad de la tierra donde se siembran las semillas también influye en la tasa de germinación. Es recomendable utilizar un sustrato ligero y bien drenado. Una mezcla de turba, perlita y arena puede ser ideal para favorecer el crecimiento de las raíces. También puedes considerar añadir un poco de fertilizante orgánico para enriquecer el sustrato y proporcionar los nutrientes necesarios al momento de la germinación.

Por último, ten en cuenta que la germinación puede tardar varias semanas, así que ten paciencia y asegúrate de mantener un ambiente adecuado. Utilizar un invernadero o cubrir la bandeja de siembra con una bolsa de plástico puede ayudar a mantener la humedad y aumentar la temperatura, favoreciendo así el proceso de germinación.

Aspectos a considerar para la siembra

Es recomendable seleccionar una maceta de barro para la siembra, ya que esto generará un microclima ideal para la aparición de las plántulas. El diámetro del recipiente debe ser de 15-17 cm y una profundidad de 12-15 cm, asegurando que tenga agujeros de drenaje en el fondo.

Las calas prosperan en suelos fértiles, bien drenados y ligeramente ácidos. Puedes adquirir tierra diseñada específicamente para calas, o bien mezclar partes iguales de tierra de césped y tierra de hoja, añadiendo un poco de turba y arena.

La composición del sustrato puede variar ligeramente según la variedad de la planta. Por ejemplo, para las calas tuberosas se recomienda un sustrato compuesto por partes iguales de tierra de hoja y humus, añadiendo dos partes de tierra de césped y media parte de arena gruesa. Para las variedades rizomatosas, opta por una mezcla que contenga una parte de tierra de hoja, humus y tierra de césped, dos partes de arena y un cuarto de parte de arcilla. Si decides preparar la tierra tú mismo, es útil incluir superfosfato (una cucharada por cada tres litros de tierra).

La maceta y el sustrato deben ser desinfectados con una solución de manganeso o calcinados en un horno a +100 °C durante 15 minutos. Si se van a utilizar fertilizantes, es recomendable aplicarlos después de la descontaminación del sustrato.

En la tierra debidamente preparada, haz agujeros de hasta 3 cm de profundidad, humedécelos bien y siembra las semillas. Generalmente, se colocan de 3 a 5 semillas por maceta, pero si todas germinan, será necesario eliminar algunas plántulas, dejando solo de 1 a 2.

Existe otro método de siembra en el cual se esparcen las semillas sobre la superficie del sustrato, se presionan ligeramente, se humedece la tierra (utilizando un pulverizador) y se cubren con vidrio o plástico, colocándolas en un lugar cálido y bien iluminado. Recuerda levantar la cubierta periódicamente y humedecer el sustrato.

Una vez sembradas las semillas, cúbrelas con tierra y compacta ligeramente. Ahora, es esencial humedecer la tierra de forma sutil, y a partir del día siguiente, las calas necesitarán un riego abundante cada día. Este régimen de humedad debe mantenerse hasta que broten las plántulas.



Aproximadamente un mes después, puedes esperar que las primeras plántulas comiencen a asomarse.

Mantenimiento

Si durante el proceso de siembra han germinado todas las semillas o la mayoría, será necesario realizar la separación de las plántulas. Con cuidado, quita las plántulas en exceso del sustrato, enjuaga las raíces y replántalas en tierra nueva. Primero, coloca las plántulas en el nuevo sustrato y cubre las raíces con tierra, luego riega. Asegúrate de no enterrar demasiado las raíces, ya que las calas no lo toleran.

Las calas son plantas que requieren mucha luz; para un crecimiento y una floración óptimos, necesitan entre 10 y 12 horas de luz al día antes y durante su periodo de floración, y de 8 a 10 horas después. Sin embargo, no soportan la luz solar directa, lo que puede causar que se marchiten. Durante el verano, es recomendable colocar las plantas en ventanas orientadas al este o al oeste, mientras que en invierno, es mejor ubicarlas al sur. Si las horas de luz son insuficientes, se recomienda implementar una fuente de luz adicional. De no ser así, los pecíolos de las hojas comenzarán a alargarse y la floración será escasa.

Mantener el nivel adecuado de humedad también es crucial en el cuidado de estas plantas. Como las calas provienen de ambientes selváticos, requieren riegos abundantes. Sin embargo, esto puede aumentar el riesgo de pudrición de las raíces; por lo tanto, es ideal plantar la flor en una maceta que cuente con un plato profundo. En este caso, durante el verano, llénalo de agua hasta un nivel que no exceda los 5 cm. También es importante limpiar las hojas con una esponja húmeda en épocas de calor, aunque esto debe evitarse en invierno.

El riego debe ser moderado, pero durante la etapa de floración, se debe revisar el programa de riego, asegurando que la tierra esté bien saturada cada día o cada dos días. La falta de humedad durante la floración puede ser interpretada por la planta como una señal de reposo, lo cual provoca que florezcan prematuramente.

La temperatura ideal para el crecimiento es de +18 a 23 °C. Variaciones en estas cifras, tanto en exceso como en defecto, especialmente si se combinan con un aumento en la humedad, pueden propiciar la aparición de enfermedades. Es crucial evitar corrientes de aire, aunque también es importante evitar el aire estancado al ventilar.

Las variedades tuberosas de calas que florecen regularmente necesitan ser alimentadas con fertilizantes específicos para tubérculos y bulbos, los cuales deben aplicarse cada 2 o 3 semanas. Los fertilizantes ricos en nitrógeno se añaden en primavera, mientras que los de fósforo y potasio deben aplicarse durante el periodo de floración.

Cuando la iluminación es insuficiente, la necesidad de fertilizar aumenta. No obstante, hay que tener cuidado de no excederse en la alimentación del cultivo, ya que esto puede provocar un aspecto marchito en los callos y ralentizar su crecimiento.

El mantenimiento de las calas en el hogar requiere un trasplante anual a una maceta de mayor tamaño. Esto se debe al surgimiento de nuevos tubérculos o al crecimiento del rizoma. Al llevar a cabo el trasplante, es fundamental reemplazar el sustrato, ya que los nutrientes se van agotando con el tiempo. Si bien no es necesario efectuar este proceso cada año, sí se recomienda hacerlo cada dos años tras el primer año. En caso de que la planta permanezca en su maceta anterior, será necesario agregarle una capa de tierra nutritiva.

Además, es importante revisar periódicamente si hay signos de plagas como pulgones o cochinillas. Si se detectan, pueden ser tratados con insecticidas orgánicos o soluciones caseras como agua jabonosa. Mantener las hojas limpias y en buen estado ayudará a prevenir estos problemas. Al trabajar con calas, es fundamental ser paciente y cuidar cada detalle para asegurar que estas hermosas plantas crezcan saludables y florezcan splendidamente.

Por último, la poda de hojas amarillentas o dañadas es esencial para fomentar un crecimiento saludable. Al eliminar las hojas en mal estado, se permite que la planta redirija su energía a nuevas hojas y flores, potenciando así su desarrollo y belleza general.

Consejos para la propagación exitosa

Utiliza semillas frescas, ya que tienen una tasa de germinación más alta. Recolecta las semillas en otoño y asegúrate de que estén bien secas antes de almacenarlas. Al germinar, mezcla sustrato de calidad con perlita para mejorar el drenaje y la aireación.

Siembra las semillas en superficie y cubre ligeramente con sustrato. Mantén el sustrato húmedo, pero no encharcado. Usa una botella con spray para pulverizar agua en lugar de regar directamente, lo que puede desplazar las semillas.

Coloca el semillero en un lugar cálido y luminoso, evitando la luz solar directa que puede quemar las semillas. Una temperatura entre 20 y 25 grados Celsius favorece la germinación.

Cuando las plántulas desarrollen unas cuantas hojas, acláralas para dejar espacio entre ellas. Esto previene la competencia por luz y nutrientes. Trasplanta las plántulas a macetas individuales cuando tengan unos 10 centímetros de altura, asegurando que las raíces no se dañen.

Durante el crecimiento, fertiliza cada dos semanas con un fertilizante equilibrado, diluido a la mitad de su concentración. Esto proporciona los nutrientes necesarios sin abrumar a las plantas jóvenes.

Finalmente, monitorea constantemente los signos de plagas y enfermedades. Actúa rápidamente al detectar cualquier problema, utilizando soluciones orgánicas o químicas según sea necesario. Así asegurarás el desarrollo saludable de tus calas desde la semilla hasta la madurez.