Todo sobre las semillas de judía
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Todo sobre las semillas de judía

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Las judías han sido cultivadas durante siglos. Aunque no son un alimento básico en la actualidad, sí representan una porción esencial de la dieta de muchas personas alrededor del mundo. Es bien sabido que el cultivo más destacado en esta categoría son las judías. Para fomentar el crecimiento de una planta vigorosa, es crucial iniciar con semillas de buena calidad. Este artículo se enfocará en la composición y el desarrollo de las semillas de judía.

Además de su valor nutricional, las judías son conocidas por su capacidad de fijar nitrógeno en el suelo, lo que las convierte en un cultivo beneficioso para la agricultura sostenible. Esto significa que al cultivar judías, no solo se obtiene un alimento nutritivo, sino que también se mejora la calidad del suelo. Las judías verdes, en particular, son ricas en proteínas, fibra, vitaminas y minerales, lo que las hace un complemento ideal para diversas dietas.

Existen varias variedades de semillas de judía, incluyendo las judías verdes, judías pintas y judías negras, cada una con sus características únicas. Las judías verdes son conocidas por su sabor delicado y su textura crujiente, mientras que las judías pintas son populares en platillos tradicionales y guisos. A la hora de plantar, es importante considerar las condiciones climáticas y el tipo de suelo, ya que las judías prosperan en suelos bien drenados y con buena exposición al sol.

Las semillas de judía se pueden plantar directamente en el suelo cuando las temperaturas son cálidas, generalmente después de la última helada. Requieren un riego regular, pero es esencial evitar el exceso de agua, ya que puede provocar el desarrollo de enfermedades fúngicas. Con el cuidado adecuado, las plantas de judía pueden producir cosechas abundantes durante toda la temporada de crecimiento.

¿Cómo se forman las semillas?

La creación de las semillas da comienzo con el proceso de floración, que generalmente dura un par de semanas. Algunas especies de judías pueden florecer durante períodos más extensos. El proceso de formación de semillas sucede tras la polinización. Para ello, se hacen presentes flores de ambos sexos: masculinas y femeninas, cada una con funciones específicas. Normalmente, la polinización se lleva a cabo gracias a insectos que transportan el polen en sus cuerpos. Sin embargo, también existen otras formas de polinización, como la que realizan aves, pequeños mamíferos y murciélagos. Además, el viento y el agua pueden contribuir a la polinización, y ciertas variedades son capaces de autofecundarse.

El polen, que alberga las células reproductivas masculinas, se deposita en las flores femeninas que poseen embriones. Posteriormente, estas células masculinas viajan al ovario para fecundar la célula femenina. Un embrión completo se forma entre dos y tres días después de la fecundación, y luego el feto empieza a desarrollarse.

En general, cada judía contiene entre 2 y 8 semillas en su interior. Estas semillas son ricas en nutrientes. Además, son la base para futuras cosechas.

Composición

Las semillas de judía tienen una capacidad notable para germinar de manera rápida y efectiva, lo cual se debe a su alto contenido en nutrientes. La estructura de una semilla es relativamente simple y cada una de sus partes puede observarse en casa usando una lupa. Se estudia la estructura de la semilla en el contexto de las dicotiledóneas y su organización. Las semillas secas no son fáciles de analizar, por lo que se recomienda hidratarlas durante unos días antes de cortarlas para estudiar su interior.

La forma de la judía es bastante distintiva, con una curvatura que recuerda a una hoz y una superficie arrugada. Por un lado, el grano presenta una hendidura, mientras que por el otro es convexo. Su exterior está protegido por una corteza que presenta diferentes colores y está compuesta por varias capas de tejido. Esta corteza es fundamental para proteger la semilla de factores externos. Además, es gracias a esta cáscara que las judías mantienen su humedad interna y no se deshidratan, aguardando el momento apropiado para germinar. La semilla en sí misma se sitúa bajo la corteza y solo es visible al hacer una sección. Se compone de las siguientes partes principales.

Dentro del embrión se encuentran los cromosomas que darán origen a la nueva planta. El embrión incluye tanto la raíz germinal como el tallo germinal, que presenta una yema pequeña. La raíz germinal es responsable de formar el sistema radicular al que nos referiremos más adelante. El embrión está protegido por las envolturas de la semilla, que se encuentran en su proximidad. Esto lo convierte en la parte más valiosa de la semilla, lo que le otorga una protección adecuada.

Este término se refiere a las células que tienen la capacidad de dividirse de forma activa y rápida. Una vez que la semilla comienza su proceso de germinación, lo que primero aparece es la raíz. Esta puede estar rodeada por una vaina radicular, que funciona como protección contra condiciones adversas. En la mayoría de las especies de judías, el sistema radicular se desarrolla de la siguiente forma: primero, se establece la raíz principal (sistema radicular de primer orden) y después se generan las raíces secundarias (sistema radicular de segundo orden).

Las hojas modificadas son las que almacenan nutrientes. Estos nutrientes comprenden una larga lista de elementos, tales como aminoácidos, grasas y azúcares. Estas son las enzimas esenciales para la germinación de la semilla, las cuales se conservan mientras el embrión continúa formándose. Gracias al brote inicial, las dos vainas emergen hacia la superficie del suelo. A partir de este momento, las vainas comienzan su proceso de fotosíntesis. En esta fase, poseen un aspecto denso y abultado, aunque realmente no lo son.

Con la fotosíntesis, arranca el proceso de división celular y la yema germinal inicia su crecimiento activo. A medida que aparecen las primeras hojas, las vainas comienzan a deshidratarse y eventualmente caen, momento en el cual la fotosíntesis se realiza en las hojas recién brotadas.



Germinación y latencia

Como se ha mencionado, las semillas de judía pueden permanecer sin germinar durante períodos prolongados debido a su cubierta protectora. Estas semillas pueden mantener su capacidad de germinación durante un periodo de hasta 6 años tras su cosecha. De este modo, el estado de latencia se refiere a las semillas en las que los procesos metabólicos son mínimos o casi inexistentes. En contraste, la germinación es el estado en el cual se activan varias reacciones dentro de la semilla.

El proceso de germinación se inicia en las vainas de las semillas. Cuando el agua penetra en ellas, activa ciertas enzimas que ponen en marcha el reordenamiento interno de la semilla. Una vez que comienza este proceso, la raíz es la primera en desarrollarse, lo que facilita su aparición hacia la superficie. Las judías son conocidas por su manera de germinar en la parte superior del suelo. En este caso, las yemas emergen hacia la superficie. Aparte de esto, existe también la germinación subterránea (cuando las vainas permanecen bajo tierra).

Las judías solo germinan cuando se encuentran las condiciones adecuadas; antes de que estas se presenten, las semillas permanecen en estado latente. Principalmente, se necesita agua para activar los procesos químicos necesarios. Esta agua permite que las enzimas se disuelvan y comiencen a interactuar químicamente. Sin suficiente agua, las semillas no germinarán debido a la falta de oxígeno. Las células responsables de la reproducción solo pueden hacerlo en presencia de oxígeno. Durante este proceso se emite dióxido de carbono, que es similar al que se libera en la fotosíntesis, la cual se lleva a cabo en la vaina de la semilla hasta que emergen las hojas y pueden realizar este proceso de forma independiente.

La luz solar es fundamental para el posterior desarrollo de la planta, ya que asegura que los nutrientes no se agoten rápidamente. Una semilla no podrá germinar si la temperatura es demasiado alta o baja, siendo el rango ideal entre 20 y 22 grados Celsius. El calor es esencial para activar las enzimas y garantizar que las reacciones ocurran de la manera adecuada.

A pesar de que se cuenten con todas las condiciones necesarias para una germinación favorable, la judía no podrá brotar si se sitúa demasiado profunda en la tierra. Normalmente, en esta circunstancia, la semilla utiliza una cantidad excesiva de energía para emerger.