Sulfato potásico para el abonado de tomates
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Sulfato potásico para el abonado de tomates

El sulfato potásico es un elemento clave para el crecimiento adecuado y el elevado rendimiento de los tomates. Este fertilizante no solo aporta potasio, que es fundamental para la floración y la formación de frutos, sino que también contiene azufre, lo que ayuda en la síntesis de aminoácidos y proteínas. En este artículo, abordaremos en detalle qué es este fertilizante, las dosis recomendadas para su preparación y las pautas para su aplicación efectiva.

Fertilizante Sulfato de Potasio, Magnesio, Azufre y Calcio

El sulfato potásico se presenta en forma de cristales y es altamente soluble en agua, lo que permite una rápida disponibilidad de nutrientes para las plantas. Para el cultivo de tomates, se recomienda aplicar entre 200 a 400 kg por hectárea, dependiendo de las condiciones del suelo y del estado de crecimiento de las plantas. Es importante realizar un análisis del suelo para determinar las necesidades específicas de nutrientes antes de la aplicación.

La forma más efectiva de aplicar el sulfato potásico es mediante la fertirrigación, donde se mezcla el fertilizante con el agua de riego. Esto asegura una distribución uniforme y una mejor absorción por parte de las raíces. También se puede aplicar de manera superficial en el suelo, seguido de un riego para permitir la disolución y penetración del fertilizante.

Además de asegurar un alto rendimiento, el uso adecuado de sulfato potásico también contribuye a mejorar la calidad de los tomates, ya que promueve un mayor contenido de azúcares y mejora la textura y sabor de los frutos. Sin embargo, es crucial no exceder las dosis recomendadas para evitar la acumulación de sales en el suelo, lo que podría afectar la salud de las plantas.

Finalmente, es recomendable complementar el uso de sulfato potásico con otros nutrientes esenciales, como nitrógeno y fósforo, para asegurar un desarrollo balanceado de las plantas y maximizar la producción.

Características del fertilizante

El sulfato potásico se define como un compuesto inorgánico con la fórmula química K2SO4, conocido como sulfato potásico purificado. Este fertilizante no incluye cloro ni nitrógeno. Se trata de un fertilizante mineral, soluble en agua, que se presenta en forma de cristales que son blancos, grisáceos o transparentes y no se descomponen mediante hidrólisis (su aspecto es similar al de un detergente en polvo). Posee un sabor amargo-salado y no se disuelve en soluciones altamente alcalinas ni en etanol puro.

La aplicación de sulfato potásico es fundamental para distintos tipos de suelos. Este fertilizante se compone en un 50% de óxido de potasio, conteniendo también cantidades menores de óxido de azufre, sodio, hierro y magnesio. Su uso está orientado a incrementar la concentración de azúcares y vitaminas en los frutos, favorece la circulación de fluidos, promueve el crecimiento de raíces y tallos, mejora el desarrollo del follaje y la formación de flores.

El sulfato potásico es indicado ante signos de alteraciones en el follaje (como bordes secos o decoloración), así como la aparición de múltiples brotes y manchas de inmadurez en los tallos. Su aplicación se puede realizar con riego directo en el suelo, al tiempo que se efectúa el riego, o mediante pulverización sobre las hojas y frutos. Este producto no representa un peligro para la salud humana, aunque es recomendable emplear medidas de protección facial y cutánea estándar para evitar reacciones alérgicas.

Dosis recomendadas

Es crucial seguir al pie de la letra las indicaciones proporcionadas por el fabricante acerca del uso del fertilizante. En general, la dosis varía según el método de aplicación. Para la fertilización foliar, se recomienda usar 2 gramos de producto por cada litro de agua. Si se desea aplicar el fertilizante directamente en las raíces, se incrementa la dosis a 2,5 gramos por litro. En caso de utilizar el abono en forma seca, la cantidad óptima es de 2 gramos por metro cuadrado, lo que equivale a 20 gramos por superficie de 10 metros cuadrados.

La cantidad de producto a utilizar también depende de la estación del año, la forma en que se presenta el fertilizante y el estado del cultivo en cuestión. El uso de sulfatado seco es menos común, siendo más frecuente diluir el producto en agua. Para maximizar la efectividad, se recomienda aplicar el fertilizante en suelos recién labrados.

La solución diluida debe ser utilizada justo antes de la siembra o al final del otoño. Los jardineros consideran que la técnica de aplicación en las raíces es la más efectiva.

Para la pulverización, se deben disolver 40 gramos de producto seco en un cubo de agua. La mezcla resultante debe ser aplicada utilizando un pulverizador. Además, los arbustos pueden recibir el tratamiento junto con el riego del abono en la base. Para la irrigación en profundidad, se debe aplicar 1 cucharada por cada 10 litros de agua.

El fertilizante puede aplicarse hasta 4 veces por temporada (después de plantar las plántulas, previo a la vegetación, en la etapa de formación de los ovarios, y durante la maduración del fruto). En invernaderos, se debe reducir la cantidad por planta para impedir la acumulación excesiva de humedad, lo cual puede generar un entorno favorable para hongos y enfermedades.

¿Cómo aplicar el sulfato potásico de manera efectiva?

Los tratamientos pueden ser programados o a demanda. En caso de programación, se realizan siguiendo un calendario establecido. La pulverización a demanda se efectúa después de lluvias. Una mejor asimilación se logra al combinar el fertilizante potásico con fósforo y nitrógeno. Es esencial aplicar el abono durante días secos y sin viento. La mejor hora para hacerlo es durante la tarde, después de la puesta del sol.

La dosificación es un factor crítico, ya que no se debe permitir la saturación excesiva del terreno y de las partes verdes de la planta. Un exceso de fertilizante puede ocasionar la muerte de hojas, debilitar el sistema radicular, reducir la capacidad de germinación y disminuir el rendimiento. El cálculo de la dosis se debe realizar en función de la superficie a fertilizar. Para el riego en las raíces (bajo los arbustos), una cantidad estándar de polvo por cada cubo de agua es suficiente.

El tratamiento foliar, que se realiza durante el período de fructificación, también es altamente eficaz. Sin embargo, si se excede la dosis, podrán aparecer quemaduras y daños en la delicada estructura de las hojas. Este producto se puede aplicar desde la formación de las primeras hojas verdaderas y el trasplante de plántulas jóvenes, facilitando el enraizamiento y reduciendo el estrés del trasplante.



El sulfato potásico no es un fertilizante que se pueda combinar universalmente. No debe emplearse junto con estiércol, compost, urea o miel. Sin embargo, puede ser utilizado junto con nitrato o azofoska. Es especialmente efectivo en suelos turbos, con gofres cenicientos que presentan déficit de potasio. Si el suelo es ácido, se recomienda aplicar sulfato potásico junto con cal.

En suelos arenosos, resulta más efectivo el tratamiento de las raíces de los arbustos. En suelos arcillosos durante el verano, se aconseja la pulverización del cultivo. En otoño, en suelos arcillosos y limosos, el producto debe ser incorporado al suelo hasta la profundidad de la pala. La preparación de los lechos en invernadero para la nueva temporada debe hacerse en otoño, usando 20 gramos de polvo por metro cuadrado.

La dosis del fertilizante puede incrementarse ligeramente en la fase inicial de floración, aplicándose en forma líquida con un aumento a 30 gramos por cubo de agua. Una dosis similar puede ser utilizada para preparar los lechos en otoño para plantar tomates al año siguiente. Sin embargo, este aumento solo es admisible en suelos carentes de potasio.

La carencia de este mineral puede ser consecuencia del uso simultáneo de productos que contienen potasio y calcio, ya que actúan de manera opuesta y el calcio puede anular el efecto positivo del potasio.

Este fertilizante no es recomendable para un almacenamiento prolongado, por lo que debe ser utilizado de inmediato tras su dilución. Puede ser absorbido eficazmente tanto por las raíces como por las hojas, aunque nutricionalmente es preferible su aplicación radicular.

Un cubo de agua mezclado con fertilizante es suficiente para tratar un área de 3 a 4 metros cuadrados. El abono seco puede aplicarse esparciéndolo durante una nueva excavación en invierno. Si no ha sido posible labrar el suelo en otoño, se puede fertilizar en primavera (antes del trasplante a un lugar definitivo). Dicha fertilización seguirá siendo eficaz.

El polvo no debe ser enterrado a gran profundidad. Es suficiente con incorporarlo hasta el nivel de las raíces de la planta de tomate, lo que ayudará a normalizar el equilibrio ácido-alcalino. Generalmente, la fertilización en seco se puede realizar anualmente, dado que el cultivo agota los nutrientes del suelo y disminuye la concentración de sustancias útiles en él.

Para el riego, se pueden utilizar perforaciones con ángulos de 45 grados. Esto facilita el riego en las raíces. Para la pulverización, se recomienda utilizar rociadores de bomba.

Además, es importante monitorear la respuesta de las plantas después de aplicar el sulfato potásico. Si se observa un crecimiento robusto y un color verde saludable en las hojas, esto indica que el fertilizante ha sido aplicado correctamente. También es recomendable realizar análisis de suelo periódicos para ajustar la dosis de fertilizante según las necesidades específicas del cultivo.

En caso de detectar signos de exceso de potasio, como el amarillamiento de las hojas o un crecimiento deficiente, es fundamental ajustar la aplicación y considerar incluir enmiendas que ayuden a equilibrar los nutrientes del suelo.