
Cuántos años vive el abeto y cómo averiguar su edad?

El abeto, conocido popularmente como el árbol de Navidad, es una especie que todos reconocemos desde la infancia. Sin este árbol, las celebraciones del Año Nuevo serían incompletas para muchos niños. Sin embargo, tras analizar un poco más, descubrimos que en numerosas ocasiones elí árbol decorativo de Año Nuevo resulta ser un pino. Este malentendido tiene una razón bien entendida: el pino es considerablemente más común en nuestro país y en naciones vecinas, lo que lo hace más fácil de encontrar. Por otro lado, el abeto es una especie más exigente, que requiere condiciones específicas para su crecimiento, lo que limita su presencia.

Para un crecimiento óptimo, el abeto necesita un nivel de humedad elevado y prefiere suelos más pesados en comparación con el pino o el alerce. En estas condiciones ideales, puede alcanzar su máximo tamaño, producir una gran cantidad de semillas y ofrecer su belleza durante siglos, deleitando a las personas con su esplendor y frescura.

Cualquier alteración en estas condiciones óptimas repercute en la salud del abeto, lo que puede llevar a una reducción en su vida útil a largo plazo.
La longevidad del abeto
Desde el siglo XVII, se han llevado a cabo investigaciones científicas en Europa y Rusia para determinar la edad de los árboles tanto en crecimiento como talados, especialmente a medida que la construcción de barcos de madera se intensificó. Estas investigaciones han revelado que un abeto promedio tiene una expectativa de vida de entre 200 y 300 años, aunque se han documentado árboles de más de 300 años en varias naciones. Adicionalmente, se ha establecido que la edad máxima de este tipo de árbol puede ser el doble de la media.

Aunque, sin duda, el árbol más antiguo del planeta ha sobrepasado esta notable edad. Se trata de un abeto común conocido por el nombre de Viejo Tikko, que se encuentra en Suecia, a la orilla del Mar del Norte. Según estudios, su edad se estima en 9,550 años. Desde que este árbol apareció, el nivel del Mar del Norte ha aumentado, los márgenes de los glaciares han variado varias veces y el permafrost ha experimentado descongelación.
Es interesante notar que el tamaño del Viejo Tikko no es particularmente impresionante. Debido a las inclemencias del tiempo y las temperaturas extremas, este abeto no ha podido crecer hasta alcanzar dimensiones gigantescas, y su proceso de envejecimiento es muy lento. En las severas condiciones del norte, la vida de los árboles parece ralentizarse, permitiéndoles vivir mucho más tiempo, con prolongados periodos de crecimiento reducido.

Por el contrario, los árboles en climas más cálidos y suaves experimentan periodos de latencia más breves, creciendo más rápidamente y llegando a dimensiones mayores que sus contrapartes del norte en el mismo tiempo, aunque su ciclo de vida se agota antes.

Variedades y su esperanza de vida
Es curioso que diferentes especies de abeto presentan variaciones en su esperanza de vida promedio.

Cálculo de la edad del abeto
La tarea de determinar la edad de un abeto de Navidad puede ser bastante complicada. La historia del Viejo Tikko ilustra que no siempre se puede juzgar la antigüedad de un árbol simplemente por el grosor de su tronco. A lo largo del tiempo, este método ha sido ampliamente utilizado. Un abeto maduro es, sin duda, más grueso que uno joven que se desarrolla en circunstancias similares. Existen fórmulas y cálculos que permiten usar el diámetro del tronco como un indicador para estimar la edad aproximada del árbol.

No obstante, hay otros métodos para determinar la antigüedad de los árboles. Para los árboles cortados, se determina la edad contando los anillos de crecimiento anuales en la madera. Este enfoque extremadamente fiable implica, sin embargo, la muerte del árbol y es empleado en procesos de tala masiva.
Adicionalmente, en las grandes áreas de tala, se utilizan métodos indirectos que permiten determinar la edad a partir de los musgos y líquenes que crecen en los troncos. En prácticas silviculturales, es común contar los verticilos (nudos de las ramas en el tronco) con el fin de evaluar la edad de coníferas relativamente jóvenes o de crecimiento lento. Un pino, por ejemplo, genera un verticilo cada año.

Los métodos modernos de dendrocronología (la ciencia que se encarga de determinar la edad de los árboles) no requieren la muerte del árbol. Se emplea un taladro especial para tomar muestras de madera, haciendo una perforación en el tronco y extrayendo un testigo que muestra los anillos de crecimiento anuales. Un testigo procesado bajo un microscopio con tecnología avanzada puede facilitar la determinación precisa de la edad del árbol, así como una comprensión de la evolución de las condiciones de crecimiento a lo largo del tiempo.
El árbol sigue vivo, y daños menores ocasionados por el proceso de muestreo se curan rápidamente con resina, sin perjudicar su salud general.

Vida de los árboles en entornos urbanos y parques
Varias especies de abetos son utilizadas en el diseño paisajístico urbano. Sin embargo, la mayoría suele tener una vida relativamente corta, que rara vez supera los 200 años.
Las razones que contribuyen a la reducción de la vida de un árbol son múltiples. En principio, un árbol suele estar bajo estrés cuando no hay sotobosque o otros árboles cercanos que proporcionen sombra a sus hojas de la exposición directa a la luz solar. Las coníferas, a pesar de su resistencia natural, sufren rápida pérdida de humedad y mueren prematuramente, lo cual afecta a la salud general del árbol.
Además, el sistema radicular de un abeto plantado decorativamente a lo largo de una acera puede estar limitado y a menudo no recibe suficiente humedad, o puede estar expuesto a condiciones de excesiva hidratación continua.
Asimismo, el excesivo contenido de sal en el suelo, resultante del uso de productos químicos para el deshielo de las calles, también tiene un impacto negativo. Los abetos en parques o jardines suelen alcanzar solo la mediana edad debido a la falta de la sombra adecuada que necesitarían en su hábitat natural.

